Pablo Ros
El arquitecto español Pablo Ros durante su presentación en la XV Cátedra Jorge Montes. Foto: cortesía UNIS

El arquitecto español Pablo Ros visitó Guatemala por primera vez para participar como conferencista internacional en la XV edición de la Cátedra Jorge Montes, que organizaron los estudiantes de quinto año de la carrera de Arquitectura de la Universidad del Istmo (UNIS).

Durante la actividad, desarrollada en el Teatro de Cámara “Hugo Carrillo”, del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, realizó su ponencia “¿Quién defiende la belleza?”.

Ros es fundador de Ros Falguera Arquitectura, oficina de arquitectura y diseño urbano con sede en Barcelona, caracterizada por la implementación de nuevas tecnologías y diseños sostenibles en procesos donde la naturaleza construye una referencia inspiracional y formal en el proyecto.

Luego de su ponencia, en la que presentó algunos proyectos que han desarrollado en el estudio, habló con República Inmobiliaria sobre la arquitectura y la belleza, así como sobre su impresión del país, al cual espera volver a venir.

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El arquitecto Pablo Ros durante su disertación. Foto: Geldi Muñoz/RI

¿Por qué los arquitectos defienden la belleza? 

— Bueno, pues, tenemos una misión social, tenemos unos conocimientos técnicos basados en construcción, tenemos una vertiente humanista, y yo creo que somos los responsables de aunar tecnología y humanismo en el espacio que construimos.

No lo tiene un ingeniero, no lo tiene el cliente porque no tiene el conocimiento, muchas veces aunque puede ser muy específico en algún tipo de conocimiento, en cómo un producto funciona, finalmente no tiene una visión global donde se reúna lo que le he dicho, lo humano, lo constructivo, lo ingenieril y lo social.

¿Cuáles son los tres pilares de la belleza en la arquitectura?

— Para nosotros, nuestra interpretación propia, la que resulta de nuestro trabajo y de nuestra localización donde trabajamos, que es el entorno Barcelonés y del Mediterráneo, es la preservación en forma de memoria, de edificios preexistentes, de sistemas constructivos tradicionales, el uso de nuevas tecnologías que nos introducen en las posibilidades de nuevos materiales, nuevos sistemas constructivos, nuevas maneras de interpretar la arquitectura, con un tercer pilar que es la misión de buscar una sostenibilidad social con el entorno ambiental.

¿Qué papel juega combinar la naturaleza dentro de los proyectos de arquitectura?

— Es muy importante, primero, porque debemos de preservarla; y segundo, porque es una fuente inacabable de referencias y de inteligencias para resolver problemas de diseño que sean más acordes con esa naturaleza que queremos preservar.

¿La buena arquitectura es sinónimo de belleza?

— No, no. La buena arquitectura es más cosas que la belleza.

Y lo que nosotros argumentamos es que si recoges todas esas cualidades en un proyecto, entonces esas cualidades que yo le he mencionado en nuestro caso: la de preservación, el uso de nuevas tecnologías, sostenibilidad, ese proyecto será bello. Es una consecuencia.

¿Qué reflexiones hace sobre la belleza en la arquitectura?

— Bueno, la belleza va reconstruyéndose y transformándose y redefiniéndose con el paso del tiempo.

La belleza de un edificio del Renacimiento no es la misma belleza que la de un edificio en un momento de entreguerras donde hay una necesidad de vivienda en Europa. No es la misma definición que la de una arquitectura de hoy, y que necesita ser sostenible para preservar y no dañar más el entorno en el que vivimos y que está en grave crisis ambiental.

¿Cuál es el reto de los arquitectos en este mundo tan demandante donde se habla de preservar el ambiente?

— Los retos son hacer comprender a la sociedad de esa necesidad, (convencer) a un cliente de que pague por esa sostenibilidad, que va a revertir en su proyecto de alguna manera. Los retos son que el usuario sepa utilizar su edificio y mantenerlo para que sea lo máximo sostenible posible.

Yo creo que es a lo que nos enfrentamos hoy en día, y que nos interesa, particularmente, a nuestra oficina.

¿Cómo se integra el papel de los arquitectos con los gobiernos para crear proyectos que se logren que tengan un objetivo y que sean agradables para la sociedad?

— Deberíamos colaborar para establecer una reglamentación que potencie esa sostenibilidad, esa preservación, pero que tampoco penalice al promotor.

Deberíamos de buscar unos equilibrios de ayudas entre lo público y lo privado, y yo considero que el arquitecto puede entrar en esta conversación porque es conocedor tanto de lo uno como del otro y de su propia profesión.

En cuanto a las nuevas tecnologías, ¿qué les aportan a los arquitectos? 

— Bueno, pues son fundamentales porque nos permiten diseñar de forma ágil, intuitiva, eso es un aspecto. Nos permiten analizar las decisiones que tomamos, modelar antes de ser construido o analizar lo construido, y también las nuevas tecnologías nos permiten monitorizar una vez construido nuestros propios edificios. 

Eso es un proceso que empieza desde el diseño y que acaba desde la propia utilización del edificio.

En cuanto a su participación en la Cátedra Jorge Montes, ¿en qué consistió?, ¿cómo le ha parecido nuestro país?

— Su país lo conozco, primeramente, porque en nuestra oficina recibimos estudiantes que son becarios, llevamos seis o siete estudiantes en menos de dos años que han pasado por nuestra oficina, y en parte debíamos conocer su origen.

Nos veíamos obligados moralmente a conocer su origen guatemalteco, pero también sus universidades, también a aquella otra persona que estaba en la universidad, ayudándonos a conseguir que esos estudiantes pudieran llegar a nuestra oficina.

Primero, queríamos equilibrar esta relación visitando el país (Guatemala), y luego para mí la sorpresa ha sido, por una parte, la abundancia de la naturaleza, por otra la intensidad y crecimiento que está sufriendo en la ciudad. Lo que no he acabado de comprender muy bien es, cómo nos está planeando mejor la infraestructura para poder asistir correctamente, ayudar correctamente a este desarrollo.

Creo que hay un problema y es que lo público debería intervenir más en el espacio público, en el vial para posibilitar unas movilidades más eficientes, más inteligentes y también inclusivas con el peatón. De esta manera, yo creo que, al menos la ciudad de Guatemala, podría sufrir unas grandes mejoras, alojar la riqueza del turismo y permitir que la iniciativa privada trabaje con unas limitaciones y unas comodidades que ahora no tienen.

¿Qué ejemplo de Barcelona podría implementarse acá en Guatemala desde el lado público?

La programación del vial, la peatonalización, el espacio público, insisto. En Barcelona hemos destacado muchos años por saber diseñar el entorno urbano público, el espacio que no es privado, y en el que participa el urbanista, el arquitecto, el paisajista.

Yo creo que esta referencia, este modelo, sería muy útil hoy en día en la ciudad de Guatemala. No tengo dudas.

¿Qué impacto puede tener que no se haga esto que usted me está mencionando?

— Moriréis de éxito. Me refiero a que habrá un gran desarrollo inmobiliario, pero no habrá capacidad de absorber la circulación diaria, al turismo se irá a otras regiones de Guatemala, evitará la ciudad porque no se sentirá cómodo y la ciudad y el propio ciudadano morirá, morirá en un aspecto simbólico. Estará sufriendo las contaminaciones, estará sufriendo las pérdidas de tiempo en un auto y tendrá una mala calidad de vida y que irá en un proceso cada vez empeorando.

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