Samuel Castellanos: Cuidar cada centavo y más formas creativas para lograr el sueño de ser un arquitecto

samuel castellanos

Samuel Castellanos es arquitecto de 31 años, egresado de la Universidad Rafael Landívar (URL) en 2015, con especialidad en arquitectura de interiores, que se adentró en el mundo del diseño gracias a un consejo que recibió durante su quinto año de bachillerato. 

En ese momento crucial de su vida, se debatía entre la ingeniería y la arquitectura, ya que le apasionaban las matemáticas y el dibujo por igual.

Fue un amigo quien le brindó un consejo fundamental: “Para las matemáticas eres bueno, pero te gusta dibujar. Dedícate a lo que te gusta, no a lo que eres bueno”. Y fue gracias a esa orientación que Samuel decidió seguir su pasión por el diseño arquitectónico.

Para Samuel, la percepción externa de la arquitectura no logra captar la profundidad de esta disciplina. Muchos la ven como una mera construcción o un diseño general, pero una vez que te sumerges en ella, comprendes que diseñar espacios implica adentrarse en la vida de las personas, de los clientes y usuarios.

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Esto se debe a que el diseño de un espacio tiene un impacto significativo en la vida de quienes lo utilizan.

“Un error en el diseño de una casa, por ejemplo, puede perseguir al cliente de por vida, generándole insatisfacción y malestar constante al saber que su hogar no es lo que deseaba”, explicó.

Sin embargo, un buen diseño, como el de un restaurante acogedor, se convierte en un refugio para las personas, su lugar favorito donde se sienten cómodas y disfrutan de momentos especiales que enriquecen sus vidas.

Según Samuel, el arquitecto es quien proporciona esa plataforma para que las personas convivan y tengan una mejor vida.

En este sentido, su labor trasciende la construcción y se convierte en la creación de espacios que influyen positivamente en la calidad de vida de las personas.

Es por eso que Samuel trabaja para darle vida a espacios que no solo sean funcionales y estéticamente agradables, sino también lugares que inspiren emociones y experiencias únicas para quienes los disfrutan.

Encontrar la manera de hacer posible un sueño

Cuando tomó la decisión de estudiar esta carrera a los 18 años, no entendía completamente que su elección también tendría un impacto en la economía familiar.

Como él mismo señala, cuando uno como persona decide su vocación, los padres a menudo apoyan la elección de sus hijos, tratando de encontrar la manera de hacerlo posible.

Samuel Castellanos
Samuel Castellanos

Este fue su caso, ya que sus padres lo respaldaron al 100 % en su sueño de convertirse en arquitecto. Y decidió a realizar las pruebas de ingreso en varias universidades del país. Afortunadamente, su colegio le otorgó una beca en la URL que alivió una parte significativa de los gastos mensuales.

Sin embargo, la arquitectura es conocida por ser una carrera “costosa”, no tanto en términos de libros o viajes, sino por la adquisición de materiales, impresiones y equipo, lo que representa un gasto considerable.

Para enfrentar esta realidad, Samuel adoptó un enfoque ingenioso. En lugar de desechar los restos de material de sus maquetas después de las calificaciones, los almacenaba para futuros proyectos.

“Después de que me calificaban, guardaba los pedazos grandes. Tenía mi bolsa de pedazos de cartón para no cortar uno nuevo”.

Alternativas 

Cuando se trataba de figuras humanas, carros y árboles para dar contexto a sus maquetas, Samuel se enfrentaba al dilema de los altos costos. Pero en lugar de gastar en estas costosas figuras prefabricadas, buscaba alternativas más económicas.

“Siempre que compraba materiales para hacer maquetas, miraba esas figuras, pero son realmente caras, cuestan como Q25. No quería poner a mi mamá en gastos innecesarios, así que hacía mis figuras humanas con pedacitos de cartón. Para los árboles íbamos al Mercado Central (zona 1) y comprábamos flores secas que servían perfectamente para simular vegetación”, recuerda Samuel sobre sus años de estudiante. 

Asimismo, cuenta que en una clase específica les solicitaron agregar autos a sus maquetas como requisito. Sin otra opción, tuvo que comprarlos. Esta experiencia le motivó a planificar sus maquetas posteriores de manera que pudiera reutilizar los carros en la misma escala.

A la fecha, tengo guardados 2 de los 4 que compré en ese momento. No sé dónde quedaron los otros dos, pero aún conservo con muchos recuerdos esos carros para las maquetas”, expresa.

De igual forma, comenta que a diferencia de otros estudiantes que podían imprimir hasta 30 planos, él intentaba optimizar esto al máximo. Condensaba toda la información posible en uno solo, de modo que solo necesitara dos o tres, así reducía sus gastos a una décima parte de lo que gastaban sus compañeros.

Asimismo, aprendió a optimizar al máximo sus formatos. Cada trazo en los planos era valioso, ya que cualquier error implicaba gastos adicionales. “Si me equivocaba, sentía esa presión de ‘bueno, ya me gasté un formato’ o ‘ya me gasté dos’”.

Cuidar cada centavo

A pesar de que sus padres nunca lo limitaron en la compra de materiales, siempre fue consciente de que el dinero no sobraba en casa. El apoyo de su familia en la universidad fue un recordatorio constante de la importancia de cuidar cada centavo.

Además, provenir de una familia de seis personas, con tres hermanos adicionales, lo impulsaba a trabajar de manera eficiente.

“Yo sabía que gastar de más significaba quitarle algo más a alguno de mi familia, porque no era como si tuviéramos un exceso de capital o ahorros destinados a eso”, menciona.

Esta conciencia lo llevó a convertirse en un arquitecto muy meticuloso y eficiente, siempre buscando la forma de optimizar los recursos en sus proyectos profesionales. Enfoque que se reflejó en su primer proyecto importante: Gracia, un restaurante ubicado en la zona 10 de Ciudad de Guatemala.

“Yo decía, así como ‘esto todavía sirve, aprovechémoslo’”.

En retrospectiva, recuerda con nostalgia también cómo, para ahorrar en la compra de instrumentos y materiales, él y su madre, iban una librería en la zona 1 capitalina que ofrecía precios más accesibles.

Ambos se organizaban sus compras con anticipación, adquiriendo lo necesario para varias semanas para minimizar gastos de gasolina y estacionamientoCompraba entre 6-8 cartones, rapidógrafos y todo lo demás que necesitaba”. 

Con el tiempo, Samuel encontró un trabajo de medio tiempo que le permitió no solo costear sus materiales, sino también apoyar a sus padres en su formación profesional.

El esfuerzo como centro del enfoque

Trabajar y estudiar al mismo tiempo representa un reto considerable, especialmente en una carrera tan demandante como la arquitectura. Sin embargo, muchas personas lo hacen y Samuel Castellanos fue uno de ellos

A pesar de las dificultades, Samuel siguió adelante con determinación. En ocasiones, no pudo evitar sentirse frustrado, ya que no siempre podía dedicar el tiempo y la atención necesarios a sus proyectos, lo que terminaba en resultados que no estaban a la altura de sus expectativas.

“Cuando presentaba lo que lograba avanzar en mis proyectos, no se podía ni comparar con lo que llevaban los demás. Eso me frustraba”, cuenta.

Mientras que sus compañeros podían dedicar noches enteras después de clases y mañanas completas al día siguiente a sus proyectos, Samuel tenía una rutina diferente.

Regresaba a casa después de la universidad, trabajaba en sus proyectos hasta altas horas de la noche, se levantaba temprano para ir al trabajo y luego regresaba a la universidad por la tarde, donde volvía a desvelarse para seguir trabajando en sus proyectos.

“Yo llegaba con mis avances de dos o quizás tres planos. Mis compañeros llegaban con toda una planta o una elevación de toda una sección ya hecha”.

Con cuchilla y sin regla

A pesar de estas dificultades, nunca consideró rendirse. El esfuerzo siempre fue el centro de su enfoque. Inspirado por el trabajo de sus padres para apoyar su educación, nunca flaqueó en su determinación de obtener su título de arquitecto.

Nunca pensé en botar la universidad o el trabajo. Si renunciaba a algo, hubiera sentido como que hubiera perdido la batalla. No podía ni fallarme a mí ni a mis papás”, expresa. 

Fue por eso que para optimizar su tiempo, encontró formas creativas de acelerar su trabajo. Por ejemplo, optó por no utilizar una regla para cortar el cartón, lo que le ahorraba tiempo significativo.

“Literalmente yo solo rayaba. Sí, usaba la regla para dibujar, pero cortaba solo con cuchilla. Aprendí a cortar recto, no tenía tiempo para hacerlo de otra manera. Fue así como logré entregar buenos trabajos en los tiempos indicados”.  

Apoyo inquebrantable

En el camino hacia su éxito como profesional, Samuel Castellanos reconoce la importancia vital de sus padres, a quienes agradece su apoyo inquebrantable durante los cinco años de formación universitaria. 

El sacrificio que realizaron fue una fuente constante de motivación para Samuel, quien se comprometió a graduarse en el tiempo previsto y con las calificaciones que ellos esperaban.

“Pensaba que la única manera que tenía de regresarles un poco de lo que ellos me estaban dando era esforzándome y mostrándoles que sus sacrificios estaban dando resultados”. 

La influencia positiva y el apoyo constante de sus padres fueron un pilar en su camino hacia la graduación y su éxito como arquitecto. Samuel Castellanos reconoce que sin sus padres, el logro de obtener el título de arquitecto no habría sido posible.

El primer proyecto arquitectónico de Samuel

Darcon Taller de Arquitectura fue la empresa que le abrió las puertas a Samuel Castellanos y le brindó la oportunidad de llevar a cabo su primer gran proyecto en el mundo de la arquitectura.

En su rol en esta empresa, Samuel se encargaba de crear las visualizaciones de los proyectos. Y fue mientras trabajaba en esto que encontró las bases del proyecto de la reacomodación del restaurante “Gracia”, que había dejado sobre un escritorio.

En ese momento, sin dudarlo, tomó la iniciativa de comenzar a desarrollar los esquemas del proyecto por sí mismo.

Su determinación y compromiso llamaron la atención de su jefe, quien, en lugar de reprenderlo, le ofreció la oportunidad de liderar el proyecto.

 

“Mi jefe me vio haciendo los esquemas, yo pensé que me iba a regañar. Pero fue todo lo contrario. Me preguntó si quería tomar el proyecto. Sin pensarlo dos veces dije que ‘sí’ y comenzamos a diseñarlo”, relata.

Una vez que el proyecto estuvo diseñado, presupuestado y listo para ser ejecutado, Samuel se enfrentó a la realidad de llevar la arquitectura de los planos y las representaciones computarizadas a la vida real.

Reconoció que esta transición fue un desafío desconocido. “Cuando llegué a Gracia, dije, ya tengo a los proveedores, ya tengo al cliente, ya tengo el diseño y ahora cuál es el siguiente paso. No tenía ni idea”, confiesa.

Lugar favorito

En ese momento, la humildad y la disposición para preguntar se convirtieron en sus aliados. Samuel se dio cuenta de que debía aprender sobre la marcha y no temió pedir ayuda y orientación.

“Yo no sabía ni cómo se hacía una jardinera, lo sabía en planos, pero no en la realidad. Esto retrasó mi proyecto varias semanas, así que perdí el miedo y no me quedó otra opción más que preguntar y pedir ayuda”, menciona.

Para él, la clave de su éxito en este proyecto fue su voluntad de buscar asesoramiento y aprender de los errores potenciales. Reconoció que es preferible preguntar y obtener orientación que cometer errores costosos.

Una vez que el proyecto terminó y Samuel lo contempló en toda su magnitud, nunca imaginó que sería capaz de llevar a cabo algo así. Ya que a pesar de que las visualizaciones en la computadora pueden ser impresionantes, no se comparan con la realidad de ver la obra construida.

“Cuando uno lo ve ya construido y mira a los clientes felices, se llega a enamorar del lugar y dice ‘bueno, lo logré’”.

Gracia siempre ocupará un sitio especial en el corazón de Samuel, ya que representa la prueba de su capacidad y lo que puede lograr. Es su lugar favorito porque, como él menciona: “Es el lugar donde entré siendo un niño recién graduado y del cual salí siendo un arquitecto”.

Una motivación para los demás

Samuel Castellanos desea motivar a todos aquellos que aspiran a convertirse arquitectos, les anima a no abandonar sus sueños y a luchar por ellos, incluso en una carrera que puede ser costosa.

Para él, la clave está en la creatividad para ahorrar y ajustar el presupuesto, especialmente si se cuenta con el apoyo de padres u otras fuentes de apoyo.

“El primer reto va a ser ajustarse al presupuesto que se tiene y de ahí seguir adelante. Reutilizar material, siempre habrá compañeros que tienen la posibilidad de desecharlo. Hay que aprovechar eso, ya que siempre más de algo les puede servir”, aconsejó.

Asimismo, enfatiza la importancia de estar dispuesto a sacrificar tiempo y energía. Si bien es posible que haya desafíos grandes, si siguen su pasión, todo valdrá la pena en la búsqueda del sueño, en su opinión. 

En ese sentido, destaca la necesidad de asumir nuevos retos y aprovechar las oportunidades que se presenten. Con un toque de añoranza, menciona:

“Si un Samuel del futuro pudiera hablarle al Samuel de hace un par de años, le diría: No dejes de luchar, todo valdrá la pena, no tengas miedo a equivocarte, aprovecha los retos, por grandes que parezcan. Que el miedo no te detenga a aceptar un proyecto”.

Hoy en día, Samuel Castellanos, después de 8 años de haberse graduado de la universidad, trabaja como arquitecto de alta especificación y supervisor de instalación en Tecto S.A. Su deseo de seguir aprendiendo y alcanzando metas sigue intacto, haciendo sentirse orgullos a sus padres, quienes hicieron posible que su sueño se convirtiera en realidad.

 


Día del Arquitecto

Nota del autor:

El 5 de septiembre, Guatemala se viste de gala para celebrar el Día del Arquitecto, una fecha que rinde homenaje a los profesionales dedicados a dar vida a los sueños de sus clientes a través de la transformación del espacio. Este día especial conmemora el trabajo, la creatividad y la pasión que estos guatemaltecos aportan a la construcción y el diseño de edificios, hogares y espacios públicos.

Los arquitectos son mucho más que diseñadores de estructuras. Son narradores de historias que combinan forma y función para crear lugares que enriquecen la vida de las personas. Desde casas acogedoras hasta monumentos emblemáticos, su visión y habilidades son esenciales para dar forma al entorno que nos rodea.

La creatividad es la fuerza impulsora detrás de cada uno de sus proyectos. Además, estos profesionales se destacan por su capacidad para combinar tradiciones culturales con innovación y sostenibilidad en sus diseños. Cada edificio y espacio público construido se convierte en una obra de arte funcional que contribuye al enriquecimiento de la sociedad.

Es por eso que el Día del Arquitecto en Guatemala celebra no solo los logros pasados, sino también el futuro prometedor de la arquitectura en el país. Los arquitectos continúan dejando huella, construyendo un legado que perdurará por generaciones.

 

Este artículo forma parte de una edición especial por el Día del Arquitecto

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