«Islas de frescor»: Así combate Europa el calor extremo

Los termómetros han batido récords en múltiples partes del mundo, en especial en Europa y en el Mediterráneo.
Las ciudades se han visto obligadas a buscar formas de refrescar más espacios. Foto: Martins Cardoso/Unsplash

Reverdecer la ciudad ampliando los bosques urbanos, instalar prótesis arbóreas para modular la sombra o habilitar «islas de frescor» son algunas medidas que han tomado las grandes urbes europeas para combatir el calor extremo que sufren y que la crisis climática amenaza con exacerbar.

Este verano se ha vivido el mes más caluroso de la historia del planeta.

Los termómetros han batido récords en múltiples partes del mundo, en especial en Europa y en el Mediterráneo, las zonas que más rápido se calientan junto con el Ártico.

Las grandes capitales europeas deben hacer frente al fenómeno «isla de calor», más acusado en Madrid, ciudad donde se ha registrado una diferencia térmica de hasta 8,5 °C entre el centro y la periferia menos urbanizada.

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Estas se han visto obligadas a buscar formas de refrescar espacios y minimizar los riesgos de salud ligados al calor.

Un estudio reciente publicado en ‘Nature Medicine’ concluyó que el verano pasado en Europa se produjeron 60.000 muertes adicionales como consecuencia del calor extremo.

Mientras que a nivel global la Organización Mundial de la Salud estima que entre 1998 y 2017 más de 166.000 personas murieron a causa de las olas de calor.

 

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Medidas asumidas

Debido a la intensidad del verano, los trabajadores de servicios públicos como la limpieza viaria en Madrid han afirmado este año poder adaptar sus horarios a los momentos más frescos del día o incluso recortar sus jornadas.

Esto después de que en 2022 falleciera en servicio un barrendero bajo las temperaturas que sufría la ciudad en plena ola de calor.

Algunos ayuntamientos han facilitado el acceso gratuito a piscinas municipales y han prolongado la apertura de parques y jardines hasta la noche.

Por ejemplo, París  ha identificado cerca de 1.300 «islas de frescor» por la ciudad y ha habilitado salas con refrigeración en los ayuntamientos de distrito.

También Barcelona (España) ha ofrecido cerca de 230 refugios climáticos en los diez distritos de la ciudad condal. Así como, zonas convertidas en espacios de confort ante las altas temperaturas entre el 15 de junio y el 15 septiembre para aliviar a colectivos más vulnerables.

Acciones en otras ciudades

Sevilla, ciudad española del sur, augura un aumento en la temperatura media de 4,5° C y una reducción de la lluvia del 20 % para el año 2100.

La ciudad española ensaya mediante el proyecto europeo Lifewatercool, sistemas para reducir la sensación térmica a partir de paradas de autobús bioclimáticas o prótesis arbóreas para modular el sombreado, entre otras opciones.

En Roma (Italia), la temperatura ha subido ya 1,7 grados en las tres décadas que van entre 1970 y los 2000. Por lo que, el Ayuntamiento está integrando la variable climática en la nueva planificación urbana, como refleja la remodelación de la estación de tren Termini, donde el responsable de su Oficina del Clima, Edoardo Zanchini, defiende a EFE que «hay que quitar el asfalto».

La ciudad subraya Zanchini, ha creado sombra con «árboles provisionales» en las paradas de autobús más concurridas, y también ha reforzado la red de fuentes de agua pública.

Reverdecer para refrescar

Las urbes apuestan por ampliar su infraestructura verde, con nuevos muros, cubiertas y fachadas vegetales como las que contempla la estrategia de adaptación al cambio climático Belga para sus ciudades.

O, bien, como los 21 ejes verdes de Barcelona, que está pacificando las calles y creando 21 nuevas plazas añadiendo macetas para recuperar el espacio público y reverdecerlo.

El responsable de la Oficina de Clima de Roma destaca que en estos momentos «dos tercios de la ciudad son zonas agrícolas o parques».

Además, que los proyectos en cinco parques a lo largo del río Tíber «harán accesibles los espacios fluviales a la población de los alrededores», ya que el río atraviesa toda la urbe, pero «en cierto modo está separado de ella».

Londres (Reino Unido) también ha centrado su estrategia en el retorno a la naturaleza. Su bosque urbano contiene unos 8,4 millones de árboles y cubre alrededor del 21 % de la superficie terrestre de la ciudad.

Sin embargo, las autoridades quieren incrementar en un 10 % la cantidad de árboles para 2050.

Desde 2016, la alcaldía londinense ha financiado la plantación de más de 430.000 árboles. Mientras que trabaja para mejorar el entorno de arroyos en algunos parques para mejorar la vida silvestre.

Además, facilita subvenciones para crear jardines comunitarios, terrenos escolares para que los niños puedan jugar y áreas naturales.

No todo es calor

Adaptarse al cambio climático también es resistir la manera en que este fenómeno afecta a los recursos hídricos. Por un lado, exacerbando la escasez y, por otro, favoreciendo los episodios de inundaciones.

En algunas zonas de Países Bajos, debido a la sequía, el suelo se está hundiendo y causando grietas en las casas. Mientras que la subida del nivel del mar amenaza con provocar mayores inundaciones.

El Programa Delta adoptado a nivel nacional contiene medidas contra las inundaciones. Asegura suficiente agua dulce y hace que la estructura de Países Bajos sea resistente al clima.

Por ejemplo, se refuerzan los diques, aumenta el suministro del agua en el largo artificial de IJsselmeer o construye valles en barrios para evitar inundaciones durante lluvias extremas.

Con información de: EFE

 

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