5 maneras poco conocidas con las que un jubilado puede monetizar su casa

Son alternativas poco conocidas, especialmente para los "jubilados" y ancianos propietarios de una casa.
Foto: Unplash

«Cómo complementar la pensión utilizando la vivienda en propiedad», libro de Juan Ángel Lafuente y Pedro Serrano, presenta las alternativas disponibles que permiten obtener ingresos para el jubilado y seguir residiendo en el hogar de forma vitalicia, aprovechando el valor de la casa en propiedad.

En el libro los autores identifican hasta nueve alternativas factibles para conseguir ingresos extra y seguir residiendo en casa. De las nueve, hay cuatro que más o menos todos tenemos en la cabeza, por lo que en este artículo nos enfocaremos en las cinco alternativas menos conocidas, especialmente para los «jubilados» y ancianos propietarios de una casa.

Entre lo más interesante del libro de Lafuente y Serrano es el recorrido por las otras cinco alternativas, las que menos tenemos en la cabeza cuando hablamos de obtener un ingreso que suponga un extra para la pensión.

1. Permuta inmobiliaria

Esto es sencillo de contar… pero complicado de llevar a la práctica. El jubilado entrega su casa a cambio de otra, normalmente de menor valor que la suya, y una cantidad de dinero para compensar esa diferencia.

Suscríbete a

Como decimos, la operación parece sencilla, pero no deja de ser un trueque y, como todo intercambio de este tipo, tiene dificultades una vez que nos ponemos manos a la obra.

La primera y fundamental es que hay que encontrar a alguien que quiera la vivienda y que, al mismo tiempo, el propietario le interese la que le ofrecen en el intercambio (permuta inmobiliaria).

Ya intuimos que es complicado y al final solo suele ponerse en marcha entre propietarios de suelo y constructoras (cedo mi suelo para una promoción y me quedo con uno o dos pisos de los que se edifiquen).

2. Venta y usufructo

Consiste en vender la vivienda, pero que el propietario mantenga el usufructo de la misma hasta su fallecimiento. Esta figura es relativamente conocida.

Sin embargo, aunque es conocida, no se pone demasiado en práctica porque es muy arriesgada desde un punto de vista financiero para los herederos.

Si el titular fallece en los primeros meses tras el usufructo, el comprador se quedaría un inmueble a un precio muy inferior al de mercado. Esto es lógico porque, cuando uno adquiere una vivienda con un usufructuario, paga un precio de compra con un fuerte descuento respecto a un inmueble libre de cargas.

¿Cuál es ese descuento?  Lafuente y Serrano ofrecen en su libro una alternativa más de mercado. La idea sería calcular cuánto nos costaría un alquiler equivalente al usufructo: Es decir, esa persona de 75 años debería calcular cuál es su esperanza de vida y multiplicar el coste de alquiler en una vivienda similar durante ese tiempo.

Por ejemplo, si una casa se alquila por Q1.000 al mes en el sector y el dueño es un anciano jubilado con una esperanza de vida de 12 años, el valor del usufructo será de Q144.000. A la cifra a la que habría que aplicar una tasa de descuento en función de la rentabilidad que busque el inversor en ese alquiler.

3. Vivienda inversa

Está a medio camino entre la hipoteca inversa y la venta con usufructo. El propietario vende el inmueble a un inversor, pero se reserva el derecho a un alquiler vitalicio en el mismo.

¿Se paga renta? Se podría pactar una venta a precio de mercado y un contrato de alquiler convencional. No obstante, no suele hacerse así en la práctica. Lo normal es que funcione de forma parecida al usufructo: Se aplica un descuento al precio de mercado y el propietario jubilado se queda en su casa hasta su fallecimiento sin tener que abonar nada.

También, se puede crear una especie de bolsa de alquiler en el momento en el que se constituye el contrato y la renta va saliendo de ahí hasta que se agote. Eso sí, en caso de que se agote la bolsa, el inquilino no tiene que mudarse.

Y entonces, ¿esto no es un usufructo? No por las implicaciones legales: En el caso del usufructo, el que tiene este derecho puede, por ejemplo, alquilar la vivienda si ya no desea residir allí (algo habitual en caso de enfermedad).

En la vivienda inversa, si uno abandona el inmueble, el nuevo propietario puede disponer del mismo y el realquiler está prohibido. A cambio, lo que suelen pagar por una vivienda con alquiler vitalicio suele ser algo más de lo que se obtiene tras una venta con usufructo.

4. Renta vitalicia inmobiliaria

De nuevo, nos encontramos ante una figura que tiene elementos de todo lo visto hasta ahora. El propietario jubilado vende su casa a cambio de una renta: a primera vista, sería el equivalente a vender el inmueble y establecer una renta vitalicia con lo que nos paguen. Solo que, en lugar de buscar a la entidad financiera, que nos abone esa renta, esto lo hace el comprador.

Este tipo de contrato es más usual en países de Europa, como España. La ventaja es que permite la combinación con los supuestos de los puntos anteriores. Es decir, además de pactar la renta vitalicia por el valor total de la venta, se puede pactar recibir una renta vitalicia mensual inferior pero manteniendo el derecho a residir en la vivienda hasta el fallecimiento (como usufructuario o en alquiler vitalicio).

En ese caso, se supone que la renta se percibe en parte en forma monetaria y en parte en especie. Por supuesto, si uno vende, pero se queda en la casa, la cuantía mensual de la renta que percibe en la cuenta bancaria se reducirá considerablemente.

5. Anticipo de alquileres

Aquí estamos ante un crédito, aunque un poco especial. Imaginemos una persona anciana (jubilado) ya no desea vivir en su casa (por ejemplo, por enfermedad), pero ni quiere venderla ni tiene ingresos para pagarse una residencia. ¿Opción? Una entidad financiera le abona el coste de esa residencia a cambio de hacerse cargo del alquiler de la vivienda y cobrar las rentas generadas por el mismo.

Puede parecer que no tiene mucha lógica, porque siempre está la posibilidad de alquilar por uno mismo (y con lo que se obtiene, pagar la residencia). Pero es un tipo de contrato que tiene sus ventajas para el propietario.

En primer lugar, que la búsqueda y gestión del inquilino la hace otro, y en segundo término, que normalmente los riesgos asociados a ese contrato de alquiler (el principal, el riesgo de impago) también van a cargo de la entidad financiera.

Por supuesto, esta entidad cobrará por sus servicios, así que podríamos decir, es un contrato que asegura una renta menor a la que en teoría se podría sacar en el mercado a cambio de más seguridad y menos quebraderos de cabeza para el propietario (jubilado).

Con información de: libremercado.com

No está de más leer:

“Analemma Tower”, la propuesta futurista del rascacielos flotante

El temido viaje diario a la ciudad mantiene las oficinas casi vacías

10 aspectos en los que debes poner atención al visitar un proyecto inmobiliario

Temas relacionados