Octo, el restaurante mexicano que galardonó la Unesco y destaca por sus ladrillos 

Su arquitectura se inspira en la comida de mar y se caracteriza por un concepto ecléctico que privilegia lo hecho por manos mexicanas. 
Una vista general del restaurante en la ciudad de Guadalajara, estado de Jalisco (México). Foto: Francisco Guasco/EFE

Desde la ciudad mexicana de Guadalajara, Octo Restaurante conquistó el Prix Versailles 2022 que otorga la Unesco a edificios del mundo caracterizados por la innovación y creatividad en su arquitectura, además del manejo del patrimonio local y la eficiencia ecológica.

El inmueble ubicado en una casona de los años 60, consiguió el «Premio especial en exterior» del galardón.

Cuyo jurado lo conforman el filósofo francés Gilles Lipovetsky, los arquitectos estadounidenses Thomas Vonier y Thom Mayne, la arquitecta china Lu Wenyu y el diseñador británico Jasper Morrison.

La Unesco otorga este premio desde 2015 en las categorías de Aeropuertos, Campus, Estaciones de Pasajeros y Deportes, Tiendas y Almacenes, Centros Comerciales, Hoteles y Restaurantes.

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La arquitectura de Octo Restaurante, dedicado a la comida de mar, es distinta a otros de su especialidad y se caracteriza por un concepto ecléctico que privilegia las texturas y materiales hechos por manos mexicanas, explicó a EFE el dueño del establecimiento, Luis Hernández, quien ideó el proyecto inaugurado en noviembre de 2021.

Obra artesanal

«Octo es un templo porque cada pieza fue hecha de manera especial para construir este recinto, está hecho con mano de obra artesanal, no hay nada industrial y es una experiencia, como si vinieras a un museo gastronómico, aprecias la arquitectura, los muebles, todos los oficios menestrales del mexicano», ahondó.

Las paredes de todo el edificio con 550 metros cuadrados de construcción son un ensamble de ladrillos hexagonales de color natural que forman una flor con seis pétalos y un centro que, a su vez, tiene un cuadrado dentro, un elemento con un significado personal y holístico para Hernández.

Unos 250.000 ladrillos elaborados ex profeso forman esta composición de flores para dar «una idea de lo orgánico», a falta de un jardín en el proyecto original, indicó el dueño.

Esa misma flor se repite en espacios diseminados en todo el restaurante, tanto en ventanales de vidrio biselado y lámparas, como en la decoración de muebles de madera hechos por carpinteros locales.


La fachada conserva la estructura original de la casa porque el barrio es una zona antigua protegida por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), aunque está revestida con ladrillos al igual que los interiores.

Este año, además de Octo Restaurante, en México premiaron al Mercado público Matamoros, en el norteño estado de Tamaulipas, en la categoría de Centro comercial, y a «Casa Silencio», en Xaagá, en el sureño Oaxaca, en la categoría de Hotel.

Entre sabores y detalles

Los detalles son lo más importante en este restaurante de tres niveles que conserva partes de la casa original, pero a la que se añadieron columnas, estructuras en herrería y vidrio soplado para hacerlo más espacioso, iluminado y moderno aunque con un aire de nostalgia y elegancia.

«Cada pieza debe estar perfectamente en sinergia con el todo, la silla con la ventana del privado, con el cesto, todo está acomodado para que no puedas decir que esta pieza no pertenece a este lugar, este espacio fue creado para que hubiera una armonía perfecta», detalló Hernández.

La remodelación del edificio tardó un año por el reto de hacer piezas específicamente con las medidas y concepto del lugar, reveló a EFE el arquitecto Fernando Hernández.

«Este lugar era pequeño y lo que teníamos que hacer era darle una fuerza muy grande arquitectónicamente y nuestra materia principal fue el ladrillo, tratamos de jugar con diferentes formas hasta que encontramos la perfecta, que fue el hexágono», expresó.

Otros detalles locales

En las áreas de servicio, las cuatro escaleras, salones que sirven de galería de arte, terrazas, y la barra, las baldosas negras hechas a mano destacan por el latón incrustado que forma un círculo y una línea.

Cada pieza apunta a los cuatro símbolos cardinales y rememora el movimiento del reloj y el paso del tiempo, un símbolo que replican las mesas y las barras de coctelería del lugar hechas con granito.

Su cocina abierta está revestida de azulejos hechos con la técnica de cerámica talavera, típico del estado de Puebla, mientras que su vajilla fue creada por el ceramista José Suro y se complementa con cristalería de vidrio soplado de artesanos de Jalisco.

Con información de: EFE

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